martes, 3 de enero de 2012

1: "´Sï, que pase..."

Sí, que pase...
Era la voz del conmutador, que fluía en forma latosa y amenazante hacia la secretaria que, sin inmutarse, dirigió la mirada hacia Dante. Él se la devolvió mostrando una mirada algo tímida y piadosa. Fue entonces cuando la secretaria decidió bajar sus lentes con su mano izquierda hasta que estos se reposaron en el nacimiento de su nariz ancha y sudorosa. Luego, medio perturbado e inseguro, Dante volvió la mirada hacia una de las revistas que había tomado de la sala minutos antes, quizás buscando la seguridad de que esa voz metamórfica y amenazante que había fluido del conmutador, a la que había respondido la secretaria, era para él. Se detuvo en el título de una entrevista a la vedette Marta Valquiria, destacando lo más profundo de su pensamiento locuaz y de sumo interés general: “Ya no estoy sola”, mientras que debajo del titulo aparecía ella con un vestido largo y negro, ajustado al cuerpo, la mirada brillante dirigida al foco de la cámara, abrazada a su perro, con sus pechos reformados algo sueltos e indiscretos que salían de un amplio escote que ella, sutilmente, hacia resaltar bajándolo aún más con su mano derecha. Dante volvió la mirada a la secretaria y se percató que estaba en su misma posición: mirándolo fijo y penetrante cuando imprevistamente asiente con su cabeza. Entonces cierra rápidamente la revista y se levanta de la silla de un salto, se detiene inmutable delante de la secretaria, ella vuelve a asentirle, aunque él quizás buscando una referencia más contundente decide esperar la confirmación. Sorpresivamente le da la espalda y se detiene a mirar las fotos y los títulos colgados en la pared. El nombre del doctor, era como el de la tarjeta que días atrás le había entregado Lucio
—Andá a ver al doctor Amadeo, a ver si podemos resolver lo tuyo. –había aseverado Lucio mientras alisaba su barbilla reposando su trasero en el escritorio ante la mirada de Dante, Salvador y un busto de Eva que estaba orientado hacia esa dirección. Lucio le dio una palmada en la cabeza, Dante miró a Salvador, éste asintió mientras se rascaba la cabeza, miró la tarjeta, volvió a mirar Lucio, éste le dio otra palmada un poco más fuerte sin dejar de ser atento y fraternal, Dante miró la tarjeta luego se dirigió a Salvador, éste había terminado de rascarse y ahora trataba de soltar sus dedos que habían quedado atascados en medio de un atolladero de pelos enroscados en uno de sus tantos temibles remolinos. Dante bajó la cabeza, miró la tarjeta aunque sólo se detuvo ante el nombre del doctor: Amadeo. Caso extraño en que se haga referencia al nombrar al doctor por su nombre y no por su apellido; levantó la mirada a media asta y comprobó a Lucio en su misma posición, alisándose la barbilla mirándolo perturbadamente, emitió un largo suspiro que se entremezcló con una frase elegida y acentuada arbitrariamente:
—Andá pibe, haceme caso...

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